jueves, 12 de julio de 2012

CRÓNICA DE UN LUGAR



La literatura, mis deseos de libertad y –en gran parte- la vida misma han condicionado cada una de mis decisiones y han motivado mis movimientos. Tal vez cuestiones muy parecidas también condicionaron los vientos de mis padres y abuelos. Es posible que ahí radique todo, somos nosotros mismos más la suma de nuestros antepasados.

Yo nací en Perú, y no tengo ni idea de qué planetas se conjugaban en ese momento para que mi alma -sin duda un poco más vieja- entrara en aquel cuerpo un quince de diciembre de hace ya unos treinta y cuatro años. El asunto es que así fue y alguna razón –que yo también desconozco- habría para ello.

He vivido en tres países diferentes, he pasado por alrededor de quince mudanzas, por unos siete colegios y unas cinco ciudades, siendo la última de estas Madrid. Sé que tampoco es demasiado, pero lo cierto es que sin duda no es poco.

El caso es que en Madrid encontré mi lugar en el mundo, un sitio que durante mi niñez y mi adolescencia sin duda se ausentó, pues hasta no vivir en Madrid jamás sentí un sentimiento de pertenencia a un lugar; y no es que mi vida hasta entonces hubiera sido sedentaria. Sin embargo fue aquí, y no en otro lugar donde entendí más o menos de que iba todo este juego, al que insistimos en llamar vida.

A lo mejor no es el momento, ni el texto adecuado, pero la economía y la política se filtran solas a través del papel… y sólo me provoca asco y pena, mucha pena. 

La tesitura no es fácil: España, y por ende Madrid, pasa por un escenario lo suficientemente tétrico como para plantearse una huida a gran escala, las empresas cierran, el desempleo aumenta, la incertidumbre no cesa, el consumo cae, la economía se contrae, y todo simplemente va a peor.

Pero sabéis, aun con todo esto Madrid es mi lugar, Madrid es donde me he hecho fuerte, Madrid es donde más he crecido como persona, donde he superado mis miedos, donde he enfrentado mi realidad, donde he tomado las decisiones más importantes de mi vida, Madrid es donde vivo, donde seguramente viviré, y lo más importante: Madrid es donde quiero estar. Y ningún disminuido reconvertido a político me va a arrebatar eso.

Yo vivo en España, en su capital, la ciudad de Madrid, y tal vez estaré aquí cuando los nerones se hayan ido de Roma y toque reconstruir la decadencia en la que nos sumieron. Sin duda los ciudadanos de este lugar estamos muy por encima de los que gobiernan, y seguramente seremos los que solucionemos todos estos problemas, pues una ciudad, un país, o una región no la hacen sus gobernantes, sino sus habitantes.

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