miércoles, 25 de abril de 2012

ESPAÑA, APARTA DE MÍ LA ESTUPIDEZ O, “A VECES ES MEJOR ENCENDER UN LANZALLAMAS QUE MALDECIR A LA OSCURIDAD”


Cualquiera que sepa un mínimo de literatura, dirá que mi originalidad con el título es desbordante, sin embargo para este pequeño texto creo que incluso el verdadero podría estar en sintonía. En cualquier caso, el título sólo es el gancho con el que pretendo haceros entrar en esta reflexión, y no hay que darle más importancia que esa. Dicha la primera justificación, creo que es momento de entrar en materia.
Visto el nivel de los debates populares, y constatado el presente y futuro de las tertulias políticas-económicas, me siento en la obligación de escribir unas cuantas líneas reflexivas sobre la situación social actual.
Al parecer desde finales de la edad media España ha estado sumida en un complejo de inferioridad, que a mi modesto entender no tiene razón de ser. Dicho por José María Pemán, mientras Europa se entregaba al reflexivo “ser o no ser” de Hamlet, España invertía su tiempo en autos sacramentales, sátiras afiladas y teatro documental, en otras palabras: mientras Europa reflexionaba sobre su ser, España se convertía en el Quijote y luchaba contra gigantes, en un rabioso intento de seguir siendo.
Pero no hay que olvidar que esa literatura que en su tiempo fue mal entendida y a lo mejor ninguneada por el resto de Europa, forma parte de uno de los momentos más grandes de la historia de la literatura universal: el siglo de oro español. Mientras lo español provocaba risas y cuchicheos en las tertulias de barrios bohemios fuera de España, aquí se trabajaba sobre unas líneas bastante claras, sobre un estilo que a fuerza de continuarse y no romper, dio sus frutos en la poesía, el teatro y la narrativa.
El señor José María Pemán se toma la libertad de hacer un símil entre el teatro español y la realidad española, símil que con humildad yo quisiera continuar.
España siempre ha sido diferente de Europa, aunque a su vez ha marcado decididamente una serie de pautas en la sociedad occidental. Primero fue la independencia de Estados Unidos, luego la revolución francesa, y después la “Pepa”, la constitución española de las cortes de Cádiz de 1812, cada uno de estos pasos han significado avances tremendos en las libertades sociales, y ahí estuvo España; con la notable diferencia que los dos primeros procesos llegaron a puerto, pero el tercero se truncó dramáticamente, seguido de un siglo perdido para la sociedad española, bañado de guerras y eternas luchas. Lo que no quita, que la Pepa haya sido imitada durante decenios.
Ciertamente, qué duda cabe que España ha estado y está allí, dónde la innovación y los avances sociales se requieren, dónde las cosas dependen de las personas y no de las grandes instituciones, así este país es y ha sido impulsado por sus diversas gentes y rica diversidad.
Otro punto que cabe reseñar, muy similar al de 1812, es la constitución de la segunda república española, donde las libertades sociales llegaron a cotas que el resto del mundo nunca hubiera soñado, y que fue reiterativamente copiada, hasta que el propio paso del tiempo, unos 50 años, la volvió caduca –cosa muy razonable-.
En resumen, y para abundar en la misma idea, España ha sido y seguramente será, un país en el que la cultura, el pensamiento y la investigación, han ido por delante del mundo, sirviendo de referencia –aunque en ocasiones no para ella-.
Por ello, y continuando con el símil, el país debe seguir con su camino, debe dejar de mirar sus puntos flacos, debe dejar de compararse con lo que no es, debe si es preciso volver a equivocarse, pero por la senda de lo que significa España, y no por caminos gastados, que sólo conducen a segundos, terceros y cuartos lugares. España tiene el compromiso de competir con ella misma; y lógicamente tiene la autoridad y el suficiente crédito para crear sendas nuevas que otros continúen.
Aquí trato de reivindicar el papel que este país ha tenido con la historia –invaluable-, y exhorto a sus gentes a retomar ese testigo, sin caer en nacionalismos fáciles y peligrosos, de los cuales –no cabe duda- hay que escapar.
La historia mira agazapada desde el futuro y es nuestro compromiso realizar los movimientos adecuados en el tablero de ajedrez, sin perder la perspectiva de lo que es   -o lo que debe ser- el camino español.
Como ya he dicho antes, debe ser un camino en el que se tiene que perder de vista las estrategias caducas, y nos debemos concentrar, en la cultura, el conocimiento, la formación, la educación, la innovación; en definitiva, tomar todas las disciplinas y elevarlas a la categoría de arte, sólo así responderemos al reto que tenemos por delante, al compromiso que estamos obligados a satisfacer con la historia.
Volviendo al asunto del complejo español: hay que reseñar, que este problema iniciaba su desaparición a través de una serie de triunfos internacionales del deporte español, sin embargo antes de conseguir nada –un triunfo o dos no dan la victoria en un asunto de tanta trascendencia, ni es suficiente descollar sólo en una cosa- y por otra parte como casi siempre en el caso español, sobrevino la crisis y rápidamente se dejó notar nuestro complejo extra-europeo.
Desde la armada invencible pasando por Francisco Franco, y hasta nuestros días, España ha sido diferente, ha sufrido distinta suerte y se ha forjado un carácter disímil del resto de europeos ¿pero eso es acaso malo?, ¿eso nos invalida?. Aunque estás preguntas deberían ser retóricas, la única respuesta válida es una negación rotunda, simplemente somos una nación diferente y rica en diversidad.
Algún jocoso amigo puede estar pensando en ciertos pasajes de la historia española, que según muchos pueden desvirtuar lo que se ha comentado hasta el momento: la conquista de américa, o la inquisición española.
El asunto de la inquisición es fácilmente desmontable: España tiene fama de haber tenido la inquisición más sangrienta y cruel, creencia extendida fundamentalmente porque fue la que más duró, hasta 1834, cuando organizaciones similares europeas, ya llevaban mucho tiempo disueltas; sin embargo para poner un ejemplo, en España el último ajusticiado fue en 1611, mientras que en Suiza fue en 1782, casi dos siglos después. Si nos remitimos a las cantidades, por ejemplo: en España fueron 300, cuando en Francia fueron 4000, o en Alemania 25000. Históricamente todos los países tienen por qué responder, pero ciertamente es injusta la fama que se ha extendido sobre “la inquisición española”.
El otro asunto que nuestro lector rápido y audaz podría utilizar para argüir que España no ha sido un referente en la historia o no lo debería ser, es la conquista de américa, o las indias occidentales. Para este asunto baste con analizar un solo punto: la comparación de antiguas colonias (en la actualidad) de España, Portugal, Francia y Reino Unido, los cuatro grandes países colonizadores.
Un ejemplo tremendamente claro es la isla de La Española, que comparten dos países caribeños: República Dominicana y Haití. Simplemente sobran las palabras, pues el primero a todas luces está mucho mejor que el segundo, tanto económicamente como en la gestión de los recursos naturales.
Otro claro ejemplo son las reservas estadounidenses de indios, mientras que en Latinoamérica, los indígenas son la población más abundante.
Del lado portugués, podríamos decir que se tuvo un modo de actuar muy parecido al español.
Con este texto tampoco voy a disculpar comportamientos que ciertamente han sido crueles, pero al parecer son actuaciones que la historia ha perdonado a otras naciones, pero no a la española, cuando no hace falta ser muy inteligente para ver que España, para la época y dentro de su contexto tuvo un comportamiento bastante razonable y humano.
Hay que entender que América iba a ser descubierta y conquistada, pero ese proceso podía haberse dado a la inglesa: aniquilación de la población local; a la francesa: explotación desmesurada de los recursos naturales, y esclavitud; o a la española o portuguesa: mezcla de dos culturas, con una clara dominación por parte de la europea.
A lo largo de la historia de la civilización occidental, España como el resto de países han cometido errores, pero ciertamente los españoles no son ni los más garrafales, ni lo más crueles. Como he recordado antes, España debe sacudirse del complejo, pues no tiene razón de ser.
Por citar momentos relevantes donde la sociedad española ha demostrado que tiene mucho que aportar, podemos decir: la generación del 98, el siglo de oro, la generación del 27, la del 36, los grandes pintores españoles o extranjeros adoptados por España, la constitución de las cortes de Cádiz, la constitución de la segunda república española, etc.
Llevando todo lo dicho a un plano económico, podemos decir que España está dispuesta a reinventarse, pero debe cambiar desde dentro, y no desde fuera, pues son rutas que otros ya han pisado, no son caminos auténticos, son senderos que nos llevarán a soluciones que a lo mejor a otros les han servido, pero que no necesariamente tienen que ver resultados en España. Hay suficientes economistas en este país como para buscar soluciones viables a nuestros problemas. Esta tierra es un lugar donde se pueden encontrar excelentes profesionales, desde la investigación o la arquitectura, hasta la ingeniería, la docencia, o las artes. Lo necesario es que entre todos pensemos soluciones a nuestros problemas, y que no las busquemos en otros países, pues por el sólo hecho de ser europeos, no quiere decir que tengan las respuestas. Debemos abandonar nuestro complejo extra-europeo y buscar las soluciones en nosotros mismos.
España ha sido, es, y debe seguir siendo una referencia solvente para resolver las cuestiones que atañen al ser humano, una luz en la penumbra de la caverna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario