viernes, 20 de julio de 2012

UNA CHISPA… DENTRO DEL PLAN MAESTRO: Somos la generación de la chispa.


EL PLAN MAESTRO:

La segunda guerra mundial fue una oportunidad perfecta para la exportación masiva de la cultura estadounidense, tanto en Asia como en Europa. Además supuso un gran desplazamiento de mentes brillantes de todas partes del mundo a este país.

Una vez expandida la influencia de Estados Unidos de Norte América por el mundo, todo fue más sencillo, el sueño de Alejandro Magno o, la globalización romana, por fin se iba a cumplir.
A partir de este momento las escuelas de pensadores se fueron asentando en este país poco a poco, hasta formar lo que se vino a llamar como la escuela de Chicago –en la Universidad de Chicago-, desde donde salen los primeros laboratorios de ideas, o think tank.

En la escuela de Chicago y a cargo de formar a los Chicago Boys, se dan cita dos pensadores de gran calado, uno de ellos es el famoso: Milton Friedman, y el otro su “hermano mayor” y desconocido para el público profano: Leo Strauss.

En esta escuela, se enseñan básicamente dos cosas: la economía debe ser libre y desregulada; y que no todos los seres humanos somos iguales, pues existen castas: la casta del pueblo -a quien explotar-, la casta política o gentil –la herramienta para explotar-, y la casta de sabios –los que van a explotar, y quienes deben dirigir al ganado-.

Así, estos pensadores se adentran en las tripas de la economía y del mundo empresarial, creando una corriente llamada neoliberalismo, o neoconservadurismo – más por sus tesis filosóficas, que por las económicas-. Y muchos los empiezan a llamar neocon. El caso es que su influencia se extiende a través del mundo, llegando a su máximo esplendor al “resolver” la crisis norteamericana y europea de los años 80, apoyándose en los gentiles: Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Esto sin mencionar su gran laboratorio: Chile, el cual después de aplicar las tesis quedó casi totalmente desmantelado como país; eso sí: es la economía más saneada de América, y una de las más saneadas del mundo, su deuda externa no supera el 6 % del PIB.

Realmente para aquella época, Leo Strauss ya había muerto y Milton Friedman se llevó casi toda la gloria, sin embargo la contribución de uno hubiera quedado corta sin la contribución del otro.

Pero retomando nuestro hilo, los laboratorios de pensamiento se fueron haciendo famosos, al punto de que las grandes empresas los consultaban para decisiones a largo plazo, para futuras expansiones, etc. Y los gobiernos también empezaron a consultar a estos grupos, de tal forma que la política y la economía mundial estaban gobernadas por esta casta de sabios.

Poco a poco estos sabios fueron dando directrices. Una de ellas fue por ejemplo que estados unidos debía aumentar su influencia en Oriente Medio, para contrarrestar el poder soviético en la zona. Las decisiones geoestratégicas se iban tomando poco a poco, siguiendo los pasos certeros de un plan maestro.

Para que la economía funcione debe haber períodos de crisis para volver a levantar todo. Así, durante y después de las guerras se genera mucho empleo, en la fabricación de armas, y después en las reconstrucciones, hasta que poco a poco el modelo se vuelve a agotar.

El plan maestro consiste en generar los problemas de una gran guerra, pero a nivel económico, y de paso hacer retroceder los derechos ganados por los trabajadores, al tiempo que se extiende la influencia occidental en el mundo, disminuyendo los costes y por ende aumentando la plusvalía de las grandes empresas.

Esta situación se apoya en la cultura del miedo constante, y si las revueltas sociales pueden ser contenidas, su duración en el tiempo podría ser cuasi eterna.

Por otro lado, algunos pasos previos que se tuvieron que dar para que esta situación no suponga peligro para los gentiles, y menos aún para los sabios, fueron las desarticulaciones de muchas organizaciones de base, o incluso hacer que no tengan sentido. Un claro ejemplo son los sindicatos españoles, que no se han sabido adaptar a las nuevas circunstancias, y esto mismo ocurre al otro lado del Atlántico, en toda América.

El momento para ellos ha llegado. Se han pasado casi 40 años disminuyendo los niveles educativos públicos de todo el mundo para crear una casta obrera más dócil, temerosa e insegura de sus conocimientos. Han reescrito los paradigmas de lo que es bueno y lo que es malo. Han premiado no salir del redil y castigado el libre pensamiento. Casi 50 años expandiendo el american way of life por todo el mundo para “occidentalizar” y lograr una globalización tal que todos seamos más fáciles de controlar. Generando así un caldo de cultivo propicio para la explotación a gran escala.


LA CHISPA…:

Sin embargo, y a pesar de creer tener todo controlado… hay una pequeña chispa que ha surgido hace ya algunos años. Una chispa que ahora habita en cada uno de los corazones de los hombres y mujeres libres. Es la chispa que nos ha hecho ver que no necesitamos a los gentiles, que nosotros mismos podemos ser sabios algún día, y que las cosas las solucionan las personas de a pie, no los políticos o los grandes empresarios.

El proceso es muy probable que no se cierre hasta dentro de unos 30 años, pero si hay algo seguro, es que se cerrará, como ha ocurrido con todos los procesos sociales a lo largo de la historia de la humanidad.

Por ejemplo: las Constituciones de Anderson datan de 1723, y el proceso se cerró cuando se produjo la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa, 1783 y 1789, medio siglo largo después. Finalmente el cierre real del proceso tiene su inicio con las independencias de otros estados americanos, desde 1816 hasta 1825, aproximadamente, o sea un siglo después.

De la misma forma ocurre con la publicación del manifiesto comunista, 1848, hasta la Revolución Rusa, 1917. Casi 70 años.

Los procesos humanos son largos, y aunque veamos pequeñas luces en el camino, sólo es un adelanto hasta que la luz real se ve al final del túnel.

Ciertamente no somos una generación perdida, somos la generación de la chispa, somos aquellos que la historia mirará en un futuro para resolver sus enigmas, nosotros y las próximas generaciones somos la llave y el catalizador del cambio. Un cambio que tal vez es muy pronto para pronosticar.

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