viernes, 5 de agosto de 2011

El GENIO DEL TORMES

Fue rápidamente ante el párroco de turno; en aquella iglesia que está muy cerca de la plaza Anaya, casi al lado de la casa de Unamuno. El caso es que se presentó ante el cura con todo el desparpajo del mundo, y después de haberle robado el rosario de oro, se propuso como el vigilante de la parroquia.

En la primera semana ya había robado el cepillo unas cuantas veces, y hasta se había puesto a jugar -de forma que no describiré en este blog- con las imagenes de los santos mártires. Durante la segunda semana organizó una pequeña fiesta, en la que cobró entrada por el morbo de divertirse así en una parroquia. Mientras, todo parecía indicar que el sacerdote no se daba cuenta de nada.

Sin embargo, el señor cura estaba demasiado ocupado vendiendo los vídeos del joven vigilante, haciéndoselo con las imágenes de los santos mártires, y pecando con todas las letras junto al confesionario.

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